escritor2

Resumen:
En los años 70, un joven periodista está entrevistando a un escritor de la vanguardia literaria de los años 20. Se habla de un tal Saturnino Solargento. Y no más que eso.

Cuando me dijeron que se lo habían llevado al hospital, sentí un escalofrío. Si Gianbertone se moría, se moría mi proyecto de investigación. El sanatorio estaba a media hora de viaje, y todavía podía llegar en el horario de visitas. Monté en un colectivo, troté un par de cuadras y trepé tres pisos de escaleras. La sobrina de Gianbertone me esperaba en la puerta de la habitación.
-Me voy a comer algo. No lo haga hablar. Cuando usted le hace preguntas, no se acuerda y se agita mucho -protestó. No me gustó que no me tuteara.
Gianbertone parecía estar de buen humor. Cuando le mostré el atado de cigarrillos, aplaudió.
-Va a tener que elegir: la chica o la historia, mi amigo. No puede tener las dos cosas.
Sonreí, pero con incredulidad. Nunca se me daba bien con las mujeres, por eso me había dedicado a las historias. Ni siquiera tuve que pensarlo:
-La historia.
-Le voy a confesar algo: mi sobrina cree que usted me está robando la poquita vida que me queda. Pero no es verdad. Usted no me la quita. Yo se la estoy regalando.
-Un cigarrillo por un cuento -le dije tendiéndole un 43/70.
-En 1927 fundamos otra revista literaria. Cada tres meses inventábamos una teoría de vanguardia. Y era más fácil Crear una revista nueva que tratar de resucitar la que se nos había muerto. Esta vez habíamos inventado la literatura barbista. Éramos nietzscheanos y estábamos en contra de la moda de afeitarse las barba. Luchábamos por el regreso a la naturaleza. Nuestro método de acción era el de escribir textos en los que la barba tuviera un papel central.
Quizás mi carcajada fue poco cortés.
-No era tan fácil. No se crea. Cualquiera puede escribir una novela que se llame "La barba". El arte del asunto era no utilizar la palabra barba en ninguna parte. Yo escribí un texto barbista que, a primera vista y mal mirado, parecía un manual para domadores de caballos. Y Francisco Luis Bernárdez (un barbista secreto) escribió los poemas de la "La ciudad sin Laura" bajo la influencia del barbismo.
Escuchamos pasos. Le quité el cigarrillo encendido de la mano y me lo puse en la boca. Era Normita, que regresaba. Era Normita. Estaba tan cansada que ni siquiera me retó. Desde ayer a la noche que no dormía. Le pregunté por parientes o amigos que la relevaran de quedarse en el hospital esa noche. No respondió: señal de que ella era la única. La mandé a dormir a su casa. Eso podía darme más tiempo para charlar con Gianbertone.
Pero Gianbertone estaba dormido. Me acomodé como pude y traté de soñar un artículo para la revista. Me despertó la voz de Gianbertone. Estaba sentado sobre la cama.
-¿No le conté de Solargento, muchacho?
Y no era un pájaro. Había vuelto a ser gato: la mirada vigilante pero serena. Era otro Gianbertone. Su vos había cambiado. Daba un poco de miedo.
- Hasta ahora Solargento solo había colaborado en pobres y malas revistas de poesía. Era natural que escribiera en la nuestra. "¿Tenés novia?" le pregunté. "Me pongo a noviar entre poema y poema?" "¿Y hoy?" "Acaban de abandonarme. Y en el camino se me ocurrió la idea dos sonetos". Le di una hoja, una pluma, los escribió allí mismo, los firmó y se fue. Nunca quiso estar en el lugar donde estaba. Cuando nos juntábamos a planear la revista se lo veía nervioso y con ganas de escribir. Cuando se encerraba a escribir deseaba estar en la calle, rumbo a la reunión de la revista. La escritura era su excusa para no estar.
-¿Qué pasó con ese hombre?
El gato se había ido. Gianbertone volvió a ser viejo, y pájaro, y enfermo.
-No sé de qué me habla. Voy a tratar de dormir.(esto sigue la semana que viene)
    
viernes 29 de abril de 2011 - año 11 - número 502 - día del sonsonete

Lo insoportable   
Las personas autoreferentes que no pueden articular una frase si no incluyen la palabra "yo".
Actividades de la Fundación Solargento   
"música boluda para poner como fondo para la actuación de un mimo", recital
Mira vos, che
Todo el Universo a escala. No me crean, vayan y miren.
Biografía en Haiku   
Una vida corriendo
sin ver lo importante:
la cola del gato.

Comentarios