“para que no dejes de olvidarme”. la historia de Solargento. prólogo: los negacionistas

 

escritor
La voz de Gianbertone, en el teléfono, se ahogaba del entusiasmo:
-¡Véngase ya mismo para el departamento, que la cabeza me está explotando de recuerdos! Tengo justo lo que usted necesita.
Miré el reloj. Estaba en la revista, cerrando el número del golpe de Pinochet. Nos habíamos pasado la tarde entera tratando de comunicarnos con alguna figura conocida de Chile, pero de Neruda para abajo -y para arriba- todos los chilenos estaban mudos. Hice un gesto con la mano para aplacar a los otros periodistas, que mordían por un minuto de teléfono. Leonardelli seguía hablándome:
-Puedo hablarle de montones de cosas. De los poetas negacionistas. De los juegos florales en los que treintaysiete poetas presentaron el mismo poema. De las rimas que inventábamos para perder novias y amigos. Y de Saturnino Solargento. Venga –ordenó, y colgó.
El cierre de la edición era una soga en nuestros cuellos; me senté delate de la máquina de escribir y en veinte minutos llené una cuartilla de generalidades como “honda confusión”, “desconcierto general” o “destino incierto”, que eran más nuestras que chilenas. Y salí corriendo a lo de Gianbertone. Usé mis últimos pesos de la quincena para tomar un taxi; una columna de manifestantes con carteles y bombos se atravesó en nuestro camino. “Parece que hoy andan todos los diablos sueltos”, comentó el taxista. Cuarenta minutos después llegaba al departamento. Normita, la sobrina nieta de Gianbertone, me esperaba en la puerta.
-Antes de entrar, deme los cigarrillos –dijo, secamente. Le entregué el atado que traía para Gianbertone a cambio de sus confidencias. –Conozco su juego. Usted le va a robar la memoria, lo va a matar con toscanos y después va a ponerse a vender los recuerdos…
Pero la voz de Gianbertone, desde su escritorio, interrumpió el regaño.
-No se preocupe por los retos, amigo, Normita lo quiere casi tanto como a mí. A los que quiere, les ladra –dijo, apartando un montón de revistas de un sillón para hacerme espacio. -¿Qué lo trae por acá?
“Gianbertone no es un gato: es un pájaro”, pensé, mientras estrechaba su mano. Los años nos van convirtiendo en el animal que realmente somos. La foto de la pared (año 1925, confitería Aues Keller, en una mesa junto a Macedonio, Marechal, Tuñón, Borges y Nalé Roxlo) hacía pensar en el joven Gianbertone como en una personalidad felina: una sonrisa enigmática y gatuna, una pelambre frondosa, ojos brillantes y sabios. Pero los años corrigieron ese error y Gianbertone era cada vez más parecido a un pájaro. La nariz se había hecho grande y ganchuda mientras que el resto de su cara retrocedía, se afinaba y se afilaba. “Tratar de averiguar a qué clase de pájaro se parece. Verificar si puede volar” anoté en mi libreta. Gianbertone seguía hablando:
-Ahh… lo que pasa es que recién tuve un ataque, y cuando me da uno de esos, no sé ni lo que digo. ¿En dónde habíamos quedado la última vez?
-En los negacionistas.
-Ah. –El pájaro de Gianbertone pareció volar, pero hacia adentro. -En aquel entonces éramos muy jóvenes y muy necios. No sabíamos quiénes éramos, apenas sospechábamos que era lo que no queríamos ser. Nos hacíamos llamar los negacionistas. Escribíamos en contra de todos: de Alvear, de Darío, de los modernistas, de Lugones, de los socialistas, de la vanguardia… Nuestra revista se llamaba “NOS”.
-¿Una abreviatura de “Nosotros”?
-Un conjunto de noes. El problema es que nadie nos negaba… ni nos contestaba. Ni Florida, ni Boedo. Éramos tan insignificantes que ni siquiera se tomaban el trabajo de despreciarnos. Por eso, de vez en cuando, cada uno tenía que polemizar, lo hacía consigo mismo. En nuestra sección “Epitafios” nos autodenigrábamos, en verso.
-Usted me prometió algo acerca de Solargento.
- Le juro que jamás en mi vida escuché ese nombre…

(esto sigue la semana que viene)

 

Viernes 8 de abril de 2011 - año 11 - número 500 - día del retroproyector


reto de la semana:

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¿qué está pasando en esta foto? la mejor respuesta se lleva DOS ENTRADAS GRATIS PARA IR A VER LA OBRA DE TEATROBODAS DE SANGRE en la versión dirigida por juan carlos gené.

lo insoportable
las empresas de celulares que todo el tiempo te están vendiendo “comunidades”

actividades de la fundación solargento
XXIX festival de danza yugoeslava con subtítulos.

peromirávos
veinticinco años de pixar

biografía en haiku
¿de mí? solamente
que me gustaba no hacer nada
con locura

Comentarios

Amelie dijo…
Asistentes a la “III Conferencia Panamericana de Tapires y Musarañas”
Amelie dijo…
Bar Mitzvá de mi padre (creo que la de la punta es tía Pochi)
Amelie dijo…
Costumbres rioplatenses: “Verano en la piedra” (gentileza: Fundación Saturnino Solargento)
Amelie dijo…
Hijos de Don Cayetano Donadio y Doña Corina Dándolo y Primi en el día de San Silvestre