El día en que chocaron los satelites 

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La Tierra es pequeña, el universo es enorme: aunque Copérnico lo explicó con claridad, nosotros llevamos cuatrocientos años tratando de acostumbrarnos a la idea. Podemos pensar en la sociedad de consumo, el psicoanálisis y los viajes espaciales como pobres esfuerzos por llenar este agujero en nuestra autoestima terrestre.
Y en eso estábamos -en demostrarnos a nosotros mismos que no éramos "tan" pequeños- cuando nos enteramos por la agencia de noticias de la BBC del tropiezo en el espacio entre dos satélites espaciales. La cosa fue así: un satélite comercial estadounidense de comunicaciones y uno militar ruso fuera de servicio chocaron a más de 800 kilómetros de altura sobre los cielos de Siberia. Como cantaba María Elena Walsh, vivimos en un mundo muy grande, pero con poco lugar. Afortunadamente, el único daño que hubo que lamentar fue el que sufrió nuestra idea del cosmos. Este choque de satélites sobre el espacio de Siberia nos enseña que la Tierra seguirá siendo pequeña y el universo no es tan infinito. Y que, lleguemos hasta donde lleguemos, siempre terminaremos chocando contra nosotros mismos.
La Nación, Domingo 22 de mayo de 2011

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