La lentísima revolución de los belgas

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Hace un año que Bélgica no tiene gobierno, detalla la BBC. El primer ministro Yves Leterme renunció por las discordias entre valones y flamencos, los dos rivales históricos del país. Luego se convocó a elecciones: las ganó un pequeño partido, que hasta ahora no ha manifestado interés en asumir el poder o formar un gabinete. Los belgas acaban de entrar al Guinness de los records, superando los 289 días de desgobierno de Irak.

¿Cómo sigue la vida sin la presencia de la autoridad estatal, esa creencia compartida por una nación? Los ciudadanos descubrieron que enojarse con el vacío no tiene el mismo valor y los humoristas agotaron su repertorio de chistes obvios. Hasta los noticieros dejaron de hablar de alianzas y rupturas; sospechan que es un tema que aburre y aleja a los espectadores.

Pero es posible que los agoreros –cuando ven el Apocalipsis y la disolución de la nación belga en esta variante incruenta y tediosa del anarquismo- tengan algo de razón. Si el mundo se deja contagiar por la posibilidad de una vida sin gobierno, es posible que el fin del mundo, tal como lo conocemos, ya esté entre nosotros. Y que haya empezado en Bélgica.

La Nación, domingo 8 de mayo de 2011

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