Nada que ver

melo

Todos aquellos que se quejan de que no hay nada para ver por televisión, deberían pasar tres días mirando el Canal 8 de Melo, Uruguay. Hace doce años que este canal no transmite una sola imagen propia. Sus empleados entran a las seis de la mañana para encender los equipos y, como sacerdotes de un culto kafkiano, velar por su buen funcionamiento. A la una de la mañana se retiran. "En realidad siempre hay algo que hacer, aunque mucho menos que lo que hacíamos antes", señaló uno de ellos.

La nada más sistemática de la televisión uruguaya funciona así desde 1999, cuando sus operaciones fueron clausuradas y la planta se convirtió en repetidora.

Llenar con ironía lo que queda de esta columna sería la cosa más fácil de mundo. Decir, por ejemplo, que en doce años no hubo quejas porque, en cuestiones de TV, la gente se acostumbra a cualquier cosa. Pero nosotros elegimos el camino de la admiración. Nuestra generación -la del Messenger, Facebook y Twitter- primero abrazó las tecnologías y después se puso a pensar cómo llenarlas de palabras. Por eso aplaudimos la metódica pasión por el silencio del canal 8 de Melo. Esos sujetos que, cuando no tienen nada que decir, no lo dicen.

La Nación, domingo 15 de mayo de 2011

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