El sabor a ausencia de los besos electrónicos

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Aunque nacieron en distintos lugares y para distintos fines, tanto el cigarrillo electrónico como el transmisor de besos a distancia son inventos gemelos, e hijos del mismo sueño: la conquista labial del mundo.

El cigarrillo electrónico lleva dentro un chip y un cartucho de distintos sabores. No expele humo sino vapor de agua. La Administración Nacional de Alimentos los prohibió porque los considera peligrosos para la salud. Nosotros agregamos que son falaces: no fueron hechos para fumar, sino tener la sensación de estar fumando. El Kajimoto Laboratory de Japón acaba de presentar el transmisor de besos: una cajita blanca conectada a una computadora. Dentro de ella se ejecuta el beso; al accionarla con la lengua, se imita el movimiento de los labios. Digitalizado, ese movimiento puede transmitirse a otra cajita igual, en otra punta del mundo.

-No entiendo las críticas -diría un defensor. -En eso consiste la experiencia del saber: en besar, sorber y saborear el mundo. Estos artefactos multiplican nuestro aprendizaje.

-¡Es una estafa! ¡Una ilusión! -protestaría un fiscal. - Lo único que se consigue con estos artefactos es manotear una fantasía. Acariciar el vacío. Besarse a sí mismo.

La Nación, domingo 29 de mayo de 2011

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