Si no lo creo, no lo veo

pulmones

Olvidemos por un momento al periodismo de denuncia y descansemos en esta noticia de luminosa obviedad: los fumadores compulsivos no se dejan impresionar por las advertencias de los atados de cigarrillo.

En la Universidad de Bonn examinaron a un grupo de fumadores y no fumadores. Se les midió la actividad cerebral en el momento de mirar aquellos carteles con imágenes truculentas y avisos contra el efecto de la nicotina que decoran cada atado. “Las imágenes horribles que incorporan los atados de algunos cigarrillos no hacen mella a quienes pretenden impresionar. Parece que están mentalmente atrapados en su adicción y esto conlleva una baja receptividad a los estímulos inducidos por el miedo. Sólo se asustan los no fumadores”, concluyeron.

Para fumadores y no fumadores, algunas lecciones derivadas de esta investigación. Que no vemos lo que debemos, sino lo que queremos ver. Que las puertas de la percepción sirven, sobre todo, para cerrarse ante aquello que no se quiere mirar. Que hay carteles (pobrecitos, ellos) que existen para no ser leídos. Y advertencias que fueron dichas para no ser escuchadas.

La Nación. Domingo 24 de julio de 2011

Comentarios