El odio en grageas

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Deben existir pocos odios tan minuciosos y sistemáticos como el de William Lawrence Cassidy, de San Francisco. Cuando lo expulsaron del grupo budista Kunzang Palyul Choling -cansados de sus mentiras y engaños- el sujeto se dedicó a enviar amenazas a Alyce Zeoli, la líder del movimiento. Con la ayuda del impulso que da el resentimiento y una buena conexión a Internet, abrió una cuenta en Twitter para compartir su rencor, acosando a Zeoli con mensajes como “Hacé un favor al mundo y andá a matarte. PD: Que tengas un buen día”. O “¿Te gusta el haiku? Acá hay uno para vos. Pierna larga, sierra afilada, caída dura”, como decía en otro. Cassidy se inventó cientos de nombres e identidades falsas para burlar los controles de la Web. Su bronca hizo miles de recorridos diarios entre San Francisco y Maryland, hasta que el FBI lo rastreó y lo encarceló bajo las acusaciones de difamación y ciberacoso. Habían pasado 18 meses. Y 8.000 mensajes.

Si la escritura sobre papel desafía al tiempo y a la palabra hablada se la lleva el viento, un mensaje hecho de bytes corre, se detiene, nos habla y se escapa. Lo intuía Cassidy y lo pensamos nosotros: vivimos tiempos de frases breves. De intensidades comprimidas. De pequeñas notas dentro de botellas llenas de indignación, que es el sentimiento de moda.

Mariano Nicolás Donadío

viernes 16 de septiembre de 2011 - año 11 - número 518 - día de la anamnesis

lo insoportable
lo difícil que es mantener paradas a una botellas de pepsi de litro y medio dentro de la bolsa de supermercado.

actividades de la fundación solargento
“objetos perdidos”, en la oficina homónima del centro cultural recoleta

mira vos, che
títulos de películas dentro de películas.

biografía en haiku
como la primavera
quisiera florecer.
pero no soy árbol.

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