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¿Saben qué tienen en común Gandhi, Lincoln y Luther King? No solo sus muertes. Además, los tres sufrieron episodios depresivos y trataron de suicidarse en algún momento de sus vidas. Los biógrafos aprovecharán estas circunstancias del relato para ilustrar la “voluntad inquebrantable” y “superación de obstáculos” de sus héroes. Pero Nassir Ghaemi, profesor de psiquiatría de la Universidad de Tufts, cree que la locura de los líderes no es un obstáculo, sino la fuente de su poder.

Ghaemi -en su libro “Una locura de primer nivel: Descubriendo los vínculos entre el liderazgo y la enfermedad mental”- afirma que la locura es una buena guía para los momentos de crisis. Que en tiempos tranquilos (“cuando el pasado predice al futuro”) las personas equilibradas pueden ser buenos dirigentes; pero, en los momentos difíciles, la depresión sabe desenmascarar las ilusiones positivas y detectar los peligros reales.

Neuróticos somos todos, decía Freud. Podríamos pensar en nuestros dirigentes como poseedores de una locura específica. Conocimos líderes depresivos, abandónicos, sádicos o neuróticos: tenemos el derecho de elegir, de entre todas las demencias, a aquella que necesitamos y queremos.

La Nación, domingo 28 de agosto de 2011

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