David, el publicista indignado

publicista indignado

Si son de aquellos que aman las películas con mensaje -esas personas que prefieren las historias “que te dejan algo”, tomen nota de este nombre: David Everett-Carlson, el publicista sin techo. David era dueño de su propia agencia en Corea del Sur. Un rosario de quiebras y crisis económicas lo trajo de regreso a su Nueva York natal. Actualmente acampa junto a los indignados en Wall Street, colabora con ellos pintando carteles y duerme en un asilo de indigentes. “Soy fuerte. Activista. Pacífico. Equilibrado. Estoy creativamente motivado y soy optimista”, se define a sí mismo mientras trata de vender su historia y sueña con un nuevo trabajo, preferentemente en el extranjero y en una multinacional.

Todo un cuento al gusto de los guionistas de historias “basadas en un hecho real”. David tiene confianza en el futuro. Profesa el credo norteamericano del éxito: para él, la derrota es, apenas, el primer paso del camino. “Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia”, aconseja Rudyard Kipling. David no le creería. Fue entrenado para ver la victoria en cada esquina. Educado en la alucinada obsesión del sueño americano.

Próximamente en cines.

La Nación, Domingo 23 de octubre de 2011

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