La masomenización social de la felicidad

felicidad

De la felicidad se sabe que es esquiva y escondidiza. Que podemos reconocerla cuando la perdimos, o cuando alguien nos pregunta si la tenemos. Por eso las encuestas sobre felicidad tienen un beneficio: nos ayudan a darnos cuenta. "Si: creo que estoy siendo algo feliz", les respondemos, mientras, por el rabillo del ojo, espiamos a nuestra felicidad tratando de escabullirse.

Hace unas semanas que la Universidad de Palermo y TNS Gallup hicieron su aporte a la felicidad, o al menos a nuestro descubrimiento de ella. En un estudio anual ("Percepción de la felicidad entre los argentinos"), descubrieron que "8 de cada 10 personas declaran ser felices en alguna medida: muy feliz el 32% y bastante feliz el 52%. Contrariamente, un 14% de los entrevistados manifestó no ser muy feliz". Por último, un 2 % no se decide acerca de la naturaleza y el monto de su felicidad.

Se protestará que medir una felicidad en números es una cosa tan inútil como censar emociones o empadronar sentimientos. Es posible. Pero entre gente como nosotros, que oscila entre el "todo bien, ¿no?" y "nunca estuvimos tan mal", es sano medir los límites de la conformidad con nuestra vida. Y decir que sí: que -de a ratos- somos bastante felices.

Mariano Nicolás Donadío

viernes 4 de noviembre de 2011 - año 12 - número 524 - día del tarado de enfrente

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