Sobre las mascotas y sus derechos humanos

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Si pensamos en la aparición de cientos de organizaciones que dan albergue a animales sin dueño, los miles de blogs y páginas dedicadas a mostrar sus gracias y la creación de ropa para animales con los colores de equipos de fútbol, llegamos a esta conclusión: son buenos tiempos para ser perro o gato.

Esta hipótesis se ve confirmada por la noticia que BBC online publica en estos días: Argentina vive un boom de consumo en los productos para mascotas ($ 645 millones en 2010, fogoneado por la emergencia de una clase media que decide invertir sus recursos en el cuidado y el lujo de sus mascotas). "Ahora hay parejas que no tienen hijos, tienen mascotas y las adoptan para llenar ese espacio. Las ven como un miembro de la familia", aclara Daniela Baltazar, dueña de una tienda de animales.

Repasemos viejas fotos de la familia: en las de nuestros abuelos casi no aparecen animales domésticos. Miremos otras: perros y gatos van ganado posiciones; de los bordes de la fotografía hacia el mismo centro de la imagen, desplazando a sus dueños. Los arqueólogos del futuro hablarán de aquellos años en los que la mascota -ese ser intermedio entre el amigo y el juguete- obtuvo el poder de la familia.

La Nación, domingo 13 de noviembre de 20011

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