Y el mundo era una siesta

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A veces el periodismo tiene la misión de informarnos de aquello que se sabe de sobra. De agarrarnos por el cuello de la camisa para señalarnos una obviedad como esta: la siesta es una buena cosa. Entre el lunes y el viernes último se realizó en Buenos Aires la “1ª Semana del sueño, la siesta y la calidad de vida.” Hubo conferencias y -esto no es un chiste- actividades como “experiencias de siestas breves controladas por Psicólogos especialistas en estrés y Coaches de relajación en entornos preparados para lograr un tiempo de descanso efectivo.”

Cosa de porteños, dirán en alguno de esos pueblos en los que la certeza de la siesta es tan eterna como el agua y el aire. En Buenos Aires es una práctica culposa y la estrategia se vende como medicina alternativa; si la idea se convierte en tendencia y se comienza a siestear por sencillo esnobismo, llegaremos por caminos complicados a una verdad simple: estamos corriendo demasiado y necesitamos espacios para, sencillamente, estar.

Mientras tanto, en Inglaterra, la compañía Audi lanza un sedán con el slogan “el auto más lento que hemos construido.” En estas señales a contrapelo descansa (si, descansa) nuestra esperanza de un mundo menos vertiginoso.

La Nación, domingo 30 de octubre de 2011

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