De la excelencia en el fracaso

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El seleccionado de fútbol de Samoa es más que un mal equipo: es la encarnación de la derrota, la representación del ideal platónico del fracaso. El último equipo en el ranking mundial de la FIFA, en el puesto 204. Más de 30 derrotas, 220 goles en contra, 12 a favor. Australia lo goleó 31 veces en un mismo partido. En otra época y en otra mitología hubieran sido dioses, porque su talento para el fracaso era más que humano.

Pero el 23 de noviembre los samoanos se rebelaron contra su destino y derrotaron al seleccionado de Tonga, por 2 a 1. "Ahora somos un equipo que cree en sí mismo. Hasta ahora no habíamos creído que podíamos ganar un partido. La mentalidad ha sido: si nos meten menos de 10 goles, bien" dijo el holandés Thomas Rongen, el entrenador del seleccionado.

Comprendamos este 2 a 1 como un desliz: la carne es débil y pide del triunfo y esas tonteras. Los samoanos deberían recorrer el mundo dando conferencias para enseñarnos a perder. Nos contarían cómo se alcanza la excelencia en la derrota, con naturalidad y sin forzamientos. Nosotros los escucharíamos con atención. Todos, en algún momento, seremos los peores en algo. Todos, alguna vez en la vida, hemos sido Samoa.

La Nación, domingo 4 de diciembre de 2011

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