Objetos perdidos

Margarete_Steiff

1- Cementerio de biromes

"Todo cambia, pero nada se pierde", dijo el filósofo para tratar de resolver, de una vez por todas, la apremiante cuestión de las biromes extraviadas. La científica Valentina Ruderman nos trae una pista para ayudarnos a solucionar el problema: en los últimos 60 años, 100.000 millones de biromes fueron tiradas a la basura. El material con el que fueron hechas, (plástico a base de petróleo) no es biodegradable. Aunque nos empeñemos en creer en la magia y suponer que desaparecieron, las biromes perdidas todavía están entre nosotros, y se niegan a irse. Las tendremos aquí durante un par de siglos más, hasta que se transformen en otra cosa.

Algunos pasos para una ecología de la palabra. A partir de ahora, cada vez que empuñemos una birome, recordemos que aquello que abandonamos nunca nos abandona del todo. Utilicemos lapiceras hechas con materiales biodegradables para mitigar el horror de la permanencia. Busquemos formas de decir la palabra que no sean tan contaminantes. Evitemos los lugares en los que se habla demasiado: el peso de tanta palabra con efecto residual sobre el aire, producen un agobio secreto.

2- Tres mil ositos alemanes en el fondo del mar

Todos necesitamos la infancia, para perderla y para extrañarla. Algo de esto, de pérdida y añoranza, tiene la historia de los ositos 55 PB, los peluches más buscados del mundo. El relato dice así: durante siglos, los niños jugaron con muñecas de porcelana o soldaditos de plomo, hasta que a una costurera alemana de Giengen, la señorita Margarete Steiff, se le ocurrió la idea de hacer muñecos de paño, suaves al tacto. Primero fue un elefante de fieltro y después un oso de peluche. Se lo llamó 55 PB. El número por su tamaño, la PB por las palabras plüsch, peluche, y beweglich, móvil". Corría el año 1904 y la idea fue un éxito. Le encargaron 3.000 osos para vender en Nueva York. Los peluches salieron de la ciudad, pero nunca llegaron a destino.

Encontrar un 55 PB es el sueño más grande de los coleccionistas. Hoy costaría unos 300.000 dólares. Dice la leyenda que los pobres osos se hundieron en el mar. No hay evidencia histórica de eso, pero no importa; es una verdad poética. Y abrazamos esta leyenda porque es la metáfora perfecta de nuestra niñez: eso que extraviamos por alguna parte y soñamos con volver a encontrar. Aunque nunca podamos hacerlo.

Mariano Nicolás Donadío

viernes 2 de diciembre de 2011 - año 12 - número 527 - día de la eutropelia

lo insoportable
Todos, pero todos todos todos los comerciales de perfumes conchetos de los canales de cable.

actividades de la fundación solargento
"para elisa y otros tangos de beethoven", recital de la orquesta típica de revisionismo musical

mira vos, che
liniers hace los peores reportajes del mundo en "lloro de felicidad".

biografía en haiku
corazón tan libre
que ni a si mismo
se hace caso.

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