Pobres pero felices

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¿Alguna vez escucharon a un niño decir: “cuando sea grande quiero ser Director de Ventas y Marketing. O Asesor Jurídico. O Desarrollador Web”? Nunca. Un niño quiere ser médico, o bombero. Los deseos de la infancia son clarividentes, y no comen vidrio.

La revista norteamericana Forbes acaba de publicar un estudio acerca de las profesiones más felices y las más odiadas. Hay sorpresas. Los que afirman sentirse más satisfechos con su tarea son -en este orden- los sacerdotes, los bomberos y los fisioterapeutas. Alegan que la razón de su felicidad no está en los sueldos sino en la satisfacción que brinda la ayuda a los otros. Les siguen los docentes y artistas. Entre los trabajos más odiados aparecen algunos de los mejor pagados, de esos que cuentan con gran reconocimiento social: gerentes de marketing, técnicos de electrónica y abogados.

Ya no somos chicos, pero podemos seguir soñando con un futuro a nuestra medida. Con el oficio perfecto: uno en el que tenemos la posibilidad de ayudar al otro y recibir reconocimiento (y paga) a la altura del bien que hacemos. El día en que lo consigamos seremos felices, con una felicidad de la que ni la revista Forbes podría sacar cálculo.

La Nación, domingo 27 de noviembre de 2011

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