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ego

Cronómetro en mano, ¿cuánto tiempo nos tomaría contarle nuestra vida a otra persona? ¿Diez minutos? ¿Una hora? El australiano Peter Fitzsimons es periodista y escritor, y conversó durante veinticuatro horas, sin cortes ni descansos con el locutor Richard Glover. En un estudio de radio de la cadena ABC de Sidney, separados del público por una cristalera, Glover y Fitzsimmons batieron el record Guiness al reportaje más largo de la historia. “Se hizo duro entre las 4 y las 5 de la madrugada”, dijo Peter. “Los dos olíamos bastante mal”, agregó Rochard.

Dos cosas suponemos de Fitzsimmons: su enorme narcisismo y su capacidad analítica, obsesiva del detalle. Imaginamos a los dos charlatanes profesionales enredados en un baile maratónico de historias que se entrecruzan y se pierden. Creemos sentir el olor a encierro del estudio de radio, y el agobio por el peso de tanta palabra dicha.

Y salimos de allí con la firme intención de no hablar tanto de nosotros, por cortesía y convicción. De extirpar el exceso de yoes de cada frase que digamos. Porque (perdone usted, Fitrzsimmons), solo somos una nota al pie en el libro del mundo. Una acotación al margen. Con el tiempo, solo una cosa dicha al pasar.

La Nación, domingo 18 de diciembre de 2011

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