Planeta nuevo, sin uso, se busca

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No es novedad que estamos buscando otra Tierra. Casi toda la ciencia ficción que se ha escrito habla de eso: de terrícolas que encuentran otros mundos, espejos más o menos deformantes. Los terráqueos somos narcisistas y, siempre que salimos a buscar algo, lo hacemos con la esperanza de encontrarnos a nosotros mismos.

Pero la Tierra encontró una hermana. Un grupo de científicos del Instituto Carnegie para la Ciencia descubrió un planeta, lo más parecido al nuestro en todo el universo. Se llama GJ 667Cc y se encuentra a 22 años luz de nosotros. Gira alrededor de su propio sol. Su temperatura no es demasiado caliente ni demasiado fría -para el gusto humano, claro- y podría tener agua y una atmósfera hospitalaria.

No nos sorprende que exista un planeta así. Tampoco que lo hayan encontrado. Nos impresiona, sí, una cuestión de tiempos. Es justamente en este año de apocalipsis anunciados y de alarmas de degradación que nuestra mirada aprende a encontrar eso que estaba buscaba desde hace rato. Esta noticia no habla de otros planetas: habla de nosotros. De nuestra esperanza depositada fuera de nosotros. De cómo estamos viviendo en nuestro planeta como si estuviéramos viviendo en otro.

La Nación, domingo 12 de febrero de 2012

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