El verano del puma invisible

puma olivos vicente lopez

Está esa señora de Vicente López que jura que vio al puma paseándose por el jardín de su casa. Están los que creen que lo vieron, como aquel vecino que asegura que dos ojos luminosos lo miraban desde las ramas de un árbol. Y está la mayoría, los que creen sin haber visto. Algunos señalan las marcas de un zarpazo en las paredes. O la ausencia de ratas y pájaros, señales inequívocas del paso del animal. Otros se encierran en sus casas y no se animan, ni siquiera, a asomarse a sus jardines.

En un caso de “veo porque creo”, los movileros de noticiero comparten estos datos con la convicción de los conversos. Todas las imágenes que aparecen en diarios y televisión son de otros pumas de otros lugares del mundo. La municipalidad monitorea toda la zona con cámaras. Coloca cebos en las esquinas. Pero el puma no aparece. "Vivimos en total inseguridad", dice una vecina. "Y eso que estamos cerca de la quinta presidencial", dice otra, rebajando el misterio a la categoría de metáfora sociopolítica.

Y fuimos testigos del nacimiento de una leyenda. De una cosa que empieza a existir por el acuerdo tácito de toda una comunidad. Protejamos a este puma, como en Bariloche se protege a Nahuelito y en Escocia a Nessie. Cuidar a nuestros monstruos es cuidarnos a nosotros mismos.

Estamos hechos de la misma materia que nuestros miedos.

Mariano Nicolás Donadío

viernes 2 de marzo de 2012 - año 12 - número 535 - día del chiribitil

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