La canción de las bacterias

Bacterias

La vocación de un científico incluye el gusto por el fisgoneo: querer ver lo que jamás nadie ha visto, estar donde jamás se estuvo, escuchar lo que nadie había oído. Un equipo de investigadores de la Universidad de Munich acaba de crear un micrófono pequeñísimo con el que se puede escuchar los movimientos de las paredes celulares, la vibración de los glóbulos rojos o la respiración de los microbios.

El nanomicrófono, dicen, permite una escucha “un millón de veces menor que el sonido más ínfimo que pudiera detectar un oído humano”. En un reportaje publicado por la revista Science & Vie, los creadores de este invento se entusiasman con las posibilidades del invento: reconocer las voces de las células sanas y enfermas, escuchar la llegada de las bacterias y desenmascarar a los parásitos.

Su aporte a la poesía humana también es para alegrarse. Sin necesidad de gurúes, podemos escuchar nuestro interior y descubrir que somos un infinito debate entre células y bacterias. Ya no miraremos al cuerpo humano como un conjunto de aparatos, como esa “máquina maravillosa” de las viejas láminas del colegio. Somos un nanorecital de células. El resultado de una conversación larga e intensa.

La Nación, domingo 13 de mayo de 2012

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