Nada es para siempre

Bibi y poldi

Se cree que la vida de las tortugas es igual a la de los seres humanos, pero en cámara lenta. Que su pasión equivale a nuestra rutina. Que su amor es igual a nuestro aburrimiento, y su cariño, parecido a nuestra indiferencia. Mientras nos mantengamos en este prejuicio, la historia de las tortugas Bibi y Poldi solo será otra novela de la tarde.

Bibi y Poldi vivían en el zoológico de Austria. Llevaban 115 años de convivencia y eran la pareja animal más antigua que se conocía. Pero en las últimas semanas Bibi, la hembra, manifestó su hartazgo a su pareja, apartándose y reaccionando con mordiscos cuando Poldi trataba de acercarse. “Lo intentamos todo” afirma la jefa del zoo, Helga Happ. “Les dimos afrodisíacos, hicimos terapias de pareja para ayudarlos a superar sus problemas, pero ni siquiera son capaces de mirarse el uno al otro”.

Entonces, ¿nada es para siempre? Hay gente que busca moralejas en estas cosas. Que trata de situar a esta historia en el contexto del siglo XXI y sus amores líquidos. Que quiere extraer lecciones de vida. Nosotros preferimos detenernos ante la perplejidad del misterio. Si no entendemos el amor de las tortugas, menos vamos a entender su desamor.

La Nación, domingo 17 de junio de 2012

Comentarios