El canto de las sirenas que no existen

sirenas

El universo se reinventa todos los días en la sección “Ciencia” de los diarios. Y los científicos son sus creadores: basta con que un especialista de la Universidad de Carolina o de Ohio anuncie que hallaron la glándula de la envidia, o un planeta bizco, para que esas cosas reciban la bienvenida a nuestras vidas. Por eso, el anuncio de que las sirenas no existen -difundido por el equipo de investigación del Servicio Nacional de Oceanografía de Estados Unidos- nos confunde. Porque es un acto de descreación.

"Nunca se ha hallado evidencia de la existencia de humanoides acuáticos", señaló su portavoz, Carol Kavanagh, para justificar la ausencia de programas de investigación acerca de las sirenas. Y agrega (sibilinamente) que “este no es un problema para oceanógrafos, sino para historiadores, filósofos y antropólogos. Porque solo se las encuentra en la cultura popular”.

A nuestra alma, que es más mítica que científica, le cuesta creer en las palabras de los oceanógrafos. Falta de evidencia no es prueba de inexistencia, retrucamos. Tan grande es nuestra fe en las sirenas que, aunque no existan, en las noches de verano bajamos a la playa. Y las escuchamos.

Mariano Nicolás Donadío

viernes 27 de julio de 2012 - año 12 - número 552 - día del ácido desoxirribonucleico

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