Una apología (más) de la derrota

Perdedores

Si el fútbol es la épica de nuestros días, la vida de los equipos chicos, los eternos derrotados de los campeonatos, es la épica más perfecta de todas. Es el triunfo de la esperanza contra la experiencia. Los hinchas -que dejan su descanso del fin de semana y recorren kilómetros y kilómetros para ir a ver como su equipo pierde- son los poseedores de una altura moral superior. Sí: amamos a los perdedores y nos sentimos incómodos al lado de los que ganan.

Una investigación de la Universidad de Ohio revela que los vencedores suelen comportarse más agresivamente que los que fueron vencidos. “Parece que las personas que se alzan con la victoria tienen una tendencia a pisotear a los derrotados”, asegura el psicólogo Brad Bushman. A contrapelo de la creencia de que los perdedores, frustrados y enojados, son los más violentos, el estudio publicado en la revista Social Psychological and Personality Science se sorprende de su propia conclusión y descubre lo contrario.

A nosotros no nos sorprende. Siempre creímos que en todo triunfador existe algo de agresivo y de grosero. Y que la derrota, cuando es compartida, nos desampara y nos obliga a ser solidarios. En suma: nos hace más humanos.

La Nación, domingo 15 de julio de 2012.

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