Eres tu factura de teléfono



Esto es capitalismo, baby. Nos reconocemos como adultos el día en que la primera factura con nuestro nombre llega a nuestra casa. Cumplido este ritual de iniciación, mes tras mes esperaremos la llegada de esos mensajes que confirmarán nuestra existencia. Y el tamaño de nuestra importancia, o sea, la suma de lo que hemos gastado.

Solenne San Jose, una francesa de Pessac, recibió una factura de celular que le hizo desear no haber existido. Por desvincularse de la compañía se le exigía… un cuatrillón de dólares; una cifra que ni siquiera existe circulando por la unión europea.

Nadie puede hablar tanto ni tener amigos tan lejanos. Solenne protestó a la compañía telefónica por esa suma estrambótica. Recibió amables propuestas para financiar su deuda. Cuando expuso su caso a la prensa, se le envió una carta donde se reconocía “un error de tipeo” y se le comunicaba que su deuda era de 150 dólares. Suena arbitrario, baby. Pero el capitalismo es una religión y las grandes corporaciones son sus dioses. Y si los dioses no fueran arbitrarios, no serían buenos dioses. 

La Nación, domingo 4 de noviembre de 2012.-

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