Entradas

El canto de las sirenas que no existen

Dónde estás, auto de mi vida…

Perdedores III

Una apología (más) de la derrota

Perdedores II

No me mires, y no dejes de mirarme

Perdedores I

La verdadera cocina naturista

Señor Tweety, ¿jura decir toda la verdad?

Seis haikus para el invierno

En el cuarto del silencio absoluto