Requiem para un deseo de verano



Terminamos el año indigestados de buenos propósitos. Enero es un buen mes para mirarnos y observar, en cámara lenta, como esos deseos van perdiendo su fuerza. En la web, el buscador Google acaba de explicarlo claramente con un gráfico.

A principio de año -entre las búsquedas más solicitadas de Google- aparecen los términos “dieta”, “salud”, “gimnasia”, “yoga” y “ejercicio”. Con el paso de los meses, el gráfico de aparición de estas palabras milagrosas se parece al dibujo de las cataratas del Iguazú; una línea que empieza muy arriba y se desbarranca, para levantarse un palmo durante el mes de septiembre y caer vencida… hasta el enero siguiente, cuando vuelve a subir. Y así, año tras año.

Pero esto ya lo sabemos. La pregunta es otra. ¿Cómo es que hacemos para olvidar y desear de nuevo (y hacerlo tan bien) cada diciembre? ¿Cuál es la razón para este optimismo? Dicen que la historia de la humanidad es la historia de sus logros. Pero en estos fracasos -que nacen de la inadecuación entre lo que deseamos y lo que somos- también se encuentra lo propiamente humano.

La Nación, domingo 13 de enero de 2013.-

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