Nombrarlos en delfinés


En el libro del Génesis, Dios hace desfilar a todos los animales de la creación delante de Adán para que les ponga un nombre: la idea detrás del mito es la de la Humanidad como la Gran Enunciadora de las Cosas Vivientes. Un estudio realizado por la Universidad de St. Andrews, en Escocia, agrega que compartimos ese privilegio con nuestros primos hermanos, los delfines, que pueden “bautizar” con un nombre propio a sus iguales.


En efecto, los delfines “desarrollan un silbido que es su seña de identidad, como puede ser el nombre en el caso de las personas” afirma Stephanie King, directora de la investigación. “Cada uno de ellos usa su silbido para dirigirse otro, y estos sonidos funcionan como los nombres en las sociedades humanas.” ¿Cómo se llamarán entre los delfines? ¿Habrá nombre descriptivos, como “narigón” o “manchado”, o heredados, o de moda como nuestros Santinos y nuestras Umas? Tendremos que acostumbrarnos a la idea de que no somos los nombradores del universo, sino los nombrados. Y que la Creación se sabe llamar a si misma, desde hace millones de años. 

La Nación, domingo 28 de julio de 2013

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