Una tierra de color verde Groenlandia


Poner un nombre es señalar un destino. El de Groenlandia (“Tierra Verde”) nace de un mal chiste de su descubridor, el noruego Erik el Rojo. Estamos a fines del siglo X y, para atraer colonos, Erik les promete una tierra llena de pasto; sus seguidores llegan y se encuentran con un bloque de hielo de kilómetros y kilómetros de largo. Terminaron quedándose allá, porque en aquellos tiempos a nadie se le hubiera ocurrido denunciar a un jefe vikingo por incumplimiento de promesas.

Pero el dióxido de carbono está reconfigurando el planeta, atrapando el calor del sol y aislando el clima. “Groenlandia puede terminar volviéndose verde, pues la mayor parte de su enorme capa de hielo está condenada a derretirse” anunció en estos días el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

El derretimiento va a insumir unos mil años. Tiempo más que suficiente para hacer una reconversión de Eric, de vikingo errante en genio ecologista que profetizó el futuro. Y para transfigurar a Groenlandia -a fuerza de contaminación y dióxido de carbono- en aquello que se anunciaba en su nombre.

La Nación, domingo 13 de octubre de 2013.-


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