Los hijos más feos del mundo


Una cosa es el deseo de belleza, otra muy distinta, la voracidad. Jiang Feng -un sujeto obsesionado por ella, como se verá- buscó una esposa convenientemente bella para formar una familia de bellos chinos. Su desventura empezó con la llegada de sus hijos. “Mi esposa ha dado luz a los niños más extremadamente feos del mundo”, declaró sin ninguna contemplación por la autoestima de ellos. Y demandó a  su esposa por infidelidad.

El análisis de ADN confirmó que los tres (una niña y dos niños) eran hijos biológicos del matrimonio. Entonces la esposa de Jiang confesó, entre lágrimas, la causa de la fealdad de sus vástagos: ella le fue fiel, pero nunca le contó que antes de conocerlo se sometió a un gran número de cirugías estéticas para “corregir” sus pómulos y sus párpados. Jiang la demandó por su engaño. El tribunal chino que lleva este caso le dio la razón al esposo. Su mujer debe indemnizarlo en 120.000 dólares.


Para los griegos, la belleza era el signo del bien y la verdad. Hoy es una de los pocos poderes indiscutidos de este mundo. También es, al mismo tiempo, un pretexto para toda bajeza humana. 

La Nación, domingo 24 de noviembre de 2013.-

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