Un maestro del fracaso se despide.


Robert E. Andrews, “el peor congresista de los Estados Unidos”, espera los resultados de la votación de su nuevo proyecto. Escucha el escrutinio con la mueca endurecida del hombre que se tropieza y todavía no termina de caerse al suelo, o de aquel que prueba la leche de hace dos semanas para ver si está agria. Como de costumbre, es derrotado. En los últimos veinte años el representante demócrata de Nueva Jersey presentó 646 proyectos. No prosperó ninguno.


Entre otras iniciativas, Andrews propuso mejorar los estándares de calidad de las piyamas infantiles, apoyar a Taiwan y eximir de impuestos a la industria de licores. Pero todo tiene un límite: el congresista anunció este martes que renuncia  a su banca para aceptar un puesto en una firma de abogados. Probablemente allí va a ser querido por sus contactos, pero no lo dejarán proponer ninguna iniciativa. Quizás Andrews le enseñe a sus nuevos compañeros esto que aprendió, a golpe y a cachetazo, en esos años: que hay cosas que ni la perseverancia ni la obstinación pueden alcanzar. 

La Nación, domingo 9 de febrero de 2014.-

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