Balada triste para rascacielos y petróleo


 Todos nos comportamos como pajueranos ante el espectáculo de la modernidad: todavía confundimos felicidad con altitud de edificios. Las crónicas periodísticas sobre Qatar -el país petrolero, el más rico del mundo, el de los rascacielos más altos- nos hacen sospechar la felicidad de sus habitantes. Pero los cataríes no son felices.

"Nos hemos vuelto urbanos", dice Kaltham Al Ghanim, profesor de sociología de la Universidad de Qatar. La charla tiene lugar en el mercado de Souk Waqif, que fue demolido hace diez años y reconstruido para parecer antiguo. “Donde no se está construyendo se está demoliendo para reconstruir.”

Se calcula unos cien mil dólares anuales de ingreso per cápita. "Pero nuestra vida social y económica ha cambiado, las familias se han separado y la cultura del consumo ha ganado terreno", agrega. Hay una tasa de divorcios del 40% de los matrimonios. Se calcula que más de dos tercios de la población es obesa. No creamos en la felicidad de los cataríes; sería creer que Babel y el paraíso son la misma historia, y están en el mismo sitio.

La Nación, domingo 4 de mayo de 2014.-


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