Cambio de raza



“Genio y figura hasta la sepultura”, se decía en tiempos más sencillos, donde, con una sola personalidad, bastaba y sobraba para toda la vida. Pero la identidad ya no es lo que antes era, y en esta sociedad de cambios, uno puede reinventarse -esa palabra mágica- a gusto y voluntad. Tengamos en cuenta esto a la hora de juzgar a los diez millones de norteamericanos que decidieron cambiar de raza en los últimos diez años.


Entre el censo del 2000 y el del 2010, este es el número de habitantes que decidió pasar del “pertenezco a otra raza” al “soy hispano”, “indígena” o “isleño del Pacífico.” Se supone que este cambio obedece a una toma de conciencia acerca de la pertenencia a una etnia, o a la oportunidad de recibir beneficios como el de postular para un cupo universitario. En todo caso, es un buen ejemplo de cómo esto que llamamos “nuestra identidad” también es el resultado de una cadena de vacilaciones y decisiones personales, de pertenencias y renuncias. No solo somos aquellos que estamos leyendo esta nota; también somos lo que fuimos, y lo que queremos ser.

La Nación, domingo 18 de mayo de 2014.-

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