Tristeza de rata y tristeza de gente




1-   Corazones rotos en el siglo XXI

Entre el poema de la Niña de Guatemala, (“la que se murió de amor”) y el veredicto de Woody Allen (“el corazón es un músculo flexible”) caben más de cien años: una revolución cultural, el desencantamiento del mundo y el ocaso del romanticismo.  “Nadie se enferma por tener el corazón roto”, dictaminaron los médicos del siglo XX. Y la ciencia empezó a echarle la culpa al estrés, ese nombre moderno que se le da al desasosiego del alma.

Pero esta noción está siendo revisada por la propia medicina. La revista New England Journal of Medicine relata historias de daño cardíaco en pacientes que no muestran ningún problema en sus arterias, pero que estuvieron expuestos a fuertes estados emocionales. Los golpes sentimentales también pueden enfermar, concluyen los autores del artículo.

Bienvenido de nuevo, melodrama, a los libros de ciencia. Hay personas que sufren de amor sin saberlo, como si sufrieran de escorbuto o de alguna otra enfermedad pasada de moda. Todos vamos a morir del corazón, porque el corazón es la última cosa que entregaremos.


2-   La tristeza hereditaria de las ratas

Le debemos a nuestros padres el color de los  ojos y la piel, la disposición a algunas enfermedades y la inmunidad a otras. Qué y cuánto es lo que proviene del ADN de nuestros antepasados es tema de discusión en el ambiente científico. En estos días, un grupo de investigadores suizos ha realizado un experimento con ratas de laboratorio que señala la posibilidad de que los traumas se hereden a través de procesos moleculares.

"El entorno deja huellas en el cerebro, en los órganos y también en los gametos. A través de estos, los rastros pueden pasar a la siguiente generación a través de los espermatozoides, aunque la generación siguiente no haya sufrido ese trauma" explica la doctora Isabelle Mansuy, del Instituto Federal de Tecnología de Zurich. Agregan que el estrés sufrido por los padres es el material transmitido a sus hijos. Es  posible que, junto con este cuerpo, también hayamos heredado algunas furias y algunas tristezas. Tenemos toda una vida para ignorarlas, reproducirlas o aprender a vivir con ellas.

Mariano Nicolás Donadío


Viernes 16 de mayo de 2014 - año 14 - número 624 - día de la prima que estaba buena

lo insoportable
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