El juego de guerra más caro del mundo


Los gestos desproporcionados solo admiten dos reacciones: la admiración o la burla. Los hijos de Carl-Magnus Helgegren le pidieron a su padre la última versión de “Call of Duty”, un videojuego de guerra. El hombre, un periodista suizo contrario a los juegos violentos, les propuso ir a visitar la zona de guerra. Después, si todavía seguían queriéndolo,  iba a comprarles una copia.

Hecho el trato, Carl-Magnus partió con sus hijos Leo y Frank. Los niños -de diez y once años- pasaron cerca de dos semanas entre Israel y algunas zonas ocupadas de Siria. “Díganle la verdad a los niños, como cantaba Bob Marley”, tuiteó Carl-Magnus desde un campo de refugiados adjuntando a una foto de sus hijos, que nos observaban con rostro impasible, escoltados por dos soldados de expresión torva.

A la vuelta del viaje y tras este gesto de pedagogía extrema, nadie quiso volver al “Call of Duty”. Pero Helgegren, en su obsesión por separar juego de realidad, se olvidó de algo importante que la mayoría de los niños saben: que la realidad es juego y que todo en la vida lo es: las tareas de todos los días, el trabajo, el arte, la economía, la política y la guerra. 

La Nación, domingo 24 de agosto de 2014.-

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