La Naturaleza y un crimen perfecto




El hecho de que los dinosaurios ya no existan no es razón para que dejemos de sentir esa oscura corriente de fascinación y afecto por ellos. Son nuestros camaradas y nos preceden en el camino hacia la extinción. No descansaremos hasta saber que los exterminó, y por qué lo hizo.

Desde los ochenta se viene diciendo que el asesino fue un cometa o un asteroide que cayó en la Tierra, bloqueando el sol y convirtiendo al planeta en un refrigerador. Pero en el último número de la revista norteamericana Science, el geólogo Blair Schoene señala a otro culpable: una serie de erupciones volcánicas gigantescas -ocuparon más de quinientos mil kilómetros cuadrados- que fueron mortales para nuestros amigos y provocaron su desaparición.


Y la novela policial más larga de la historia da un giro inesperado. Aparecen nuevos sospechosos y el propio planeta es uno de ellos. Los que sostienen la hipótesis de la inocencia y la bondad de la Naturaleza (el culpable intelectual del hecho) deberían recordar  esta historia, como refutación y advertencia. 

La Nación, domingo 14 de noviembre de 2014.-

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