La raza humana, una cuestión de ritmo.


“¿El hombre? El hombre es un animal con ritmo”, dijo Edward Large. El biólogo estadounidense llamó a su investigación “análisis de las dinámicas temporales del comportamiento”, y se puso a rastrear su origen, con la ayuda de un equipo de la Universidad de Connecticut. Large sostiene que la capacidad de seguir el ritmo es una forma de interacción que no se encuentra en los otros animales, salvo en los bonobos, esos parientes con los que compartimos el 98 % de nuestro capital genético. Estas habilidades musicales y rítmicas evolucionaron y se convirtieron en un medio de coordinación e interacción con los otros.


El ritmo fue el primer paso en el fortalecimiento de los lazos sociales. Si esta hipótesis llega a ser cierta, hablaremos del sentido del ritmo como nuestra herramienta para la evolución: sobreviven aquellos que escuchan y pueden llevar un compás. Seremos felices cuando encontremos al compañero de especie que puede acompañar nuestra cadencia. O a la persona que lleva un ritmo diferente, pero es capaz -en algún momento de la partitura- de encontrarse con el nuestro. 

La Nación, domingo 21 de diciembre de 2014.-

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