Ladrón de vidas



El horror de verse reflejada en un espejo, y que ese reflejo nos deje para salir a buscar una vida propia: es lo que experimentó la inglesa Ruth Palmer cuando descubrió que existía una cuenta de Facebook con sus fotos personales. Alguien las robó de la Web y las compartió con sus propios comentarios; así, la imagen de ella con su amado esposo aparece en esa  cuenta falsa con esta declaración: “esa soy yo, Leah Palmer, con mi psicótico ex novio”.

Leah Palmer -el doble de Ruth- empezó a frecuentar lugares como Tinder y Twitter e Instagram. Tuvo sexo online con al menos seis personas. La policía ofreció apoyo a la Palmer real, pero no había crimen que condenar y no se usaba el nombre completo de Ruth; por lo que no se pudo hacer gran cosa. Palmer sigue sin conocer el nombre ni las intenciones de su doble. La  privacidad ya no es lo que era, y otros yoes ajenos podrían alojarse en nuestra vida.

El cóctel de virtualidad, mercado y egomanía nos convierte, más que en personas, en franquicias. En el futuro naceremos  y recibiremos, junto con el nombre, nuestro logotipo. Y un texto de presentación para nuestro perfil.

La Nación, domingo 15 de marzo de 2015.-

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