Dos historias de amor en hindú



1- Un culebrón de la vida cotidiana

La vida tiene los mejores guionistas. Una pequeña muestra: Jugal Kishore, que vive en la lejana Rampur (India) está a punto de casarse. Plano general en el templo. El novio y la novia se disponen a comenzar la ceremonia. Pero estamos en una novela, y es sabido que “casamiento” , en este contexto, solo puede significar dos cosas: felicidad o escándalo;  hoy significa lo segundo. Kishore sufre un ataque de epilepsia, cae redondo delante de los invitados y en cuanto se levanta abandona a la novia para buscar a un médico.

La novia está enfurecida: Jugal nunca le había contado de su enfermedad. Entonces le preguntó a un invitado si quería casarse con ella. El hombre (un amigo del hermano del malogrado novio) respondió que sí, y la ceremonia concluyó, pero con otro esposo. ”Dado que la novia ya está casada, ¿qué podemos hacer? Las familias resolvieron el asunto y la denuncia ha sido retirada", dijo el jefe de policía. Queda decidir si estamos dentro de una comedia o de un melodrama. Y hacia quién se volcaría nuestro corazón: hacia el pobre Jugal o hacia su ansiosa novia sin nombre, enamorada no del amor ni de una persona, sino de la mera idea del matrimonio.



2- Las 365 noches de Sunder Samu

Si el “comer, rezar y amar” fue la consigna que popularizó una norteamericana después de su viaje a la India, el lema del hindú Sunder Ramu bien podría ser “llegar, comer e irse”. Sonará poco ambicioso, pero lo heroico de su empeño está en el número; Sunder quiere tener 365 citas con mujeres de todas las edades. No necesariamente debe ser una por día. Acepta todas las propuestas y tiene solo dos reglas: la mujer debe llamarlo. Y pagar por la cena, o cocinar para los dos.

Su cenar por cenar está teniendo éxito. Va por el encuentro número 110 y ya conoció a una barrendera, a una estrella de cine y a una mujer de 105 años. “No tengo ninguna agenda detrás de estas salidas. No estoy buscando una relación romántica, no es un juego de niños. De hecho creo que es algo que las mujeres entienden y esa es la razón por la que aceptan ser parte de esto”, explica Sunder, nuestro cenador con “c”. Cuando el tiempo haya desordenado los cajones de su memoria, ¿que quedará en el recuerdo? ¿Muchas caras y ningún rostro? ¿La sensación de que alguien le dijo algo en alguna parte, aunque no pueda recordar bien qué?

Mariano Nicolás Donadío


Viernes 15 de mayo de 2015 - año 15 - número 668 - día del oligoceno

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