Las aventuras de Pi Pío: volverse como niño


Las aventuras de Pi Pío es libro inesperado. Con guiones y dibujos de un joven Manuel García Ferré y editado por Editorial Común, nos muestra que la historieta argentina tiene un gran futuro en sus espaldas.  

En estos tiempos en los que el niño es el héroe de la familia, volverse un niño, para el artista, es señal de buen gusto. No hay más que visitar el Centro Cultural Recoleta o los ArteBa para ver hasta qué punto la imaginería infantil -niños con ojos de animé, instalaciones con muñequitos- se ha apoderado de los espacios artísticos. Pero no es fácil volverse niño. A Picasso, según sus palabras, le tomó toda la vida. Milo Lockett no es un niño sino un adulto que se vuelve aniñado: pinta “como si fuera” un infante pero sin su magia y por ahora no manifiesta inquietudes de salir de allí.

Liniers -Ricardo Siri Liniers-, el autor de Macanudo ¿en niño o aniñado? Es desconcertante. Las tiras de Enriqueta y su gato (pasión de las almas sensibles) son ñoñas de toda noñez. El Liniers de la tira Bonjour y los recitales con Kevin Johansen es un adolescente. El que ilustró “Crimenes ejemplares” de Max Aub es adulto y revulsivo al mismo tiempo. El editor de Editorial Común es un adulto que juega a correr riesgos editando textos bellos y difíciles de encuadrar, y a veces de vender. Como en el caso de la edición de Las Aventuras de Pi-Pío de Manuel García Ferré, que en estos días llegó a las librerías.

Manuel García Ferré tenía poco más de 20 años cuando empezó a escribir y dibujar “Las aventuras de Pi Pío” para la revista Billiken; de allí pasó a publicarse en Anteojito. Pi Pío es un pollito linyera que se convirtió en el sheriff de Villa Leoncia. Este pueblo es el antecedente directo de la mitológica Trulalá; algunos personajes, como Hijitus y Calculín nacieron en esta historieta. Se trata de un García Ferré iluminado; no el dulzón y moralista que conocimos en “Manuelita” y “Soledad y Larguirucho” (sus últimas producciones) sino un adulto feliz de absurdo, de un dibujo elemental pero lleno de gracia, con caballos que hablan en inglés y personitas colgadas de las líneas de sus  cuadros.

La reconstrucción de esta historieta fue publicada entre 1952 y 1960. Desde entonces, esos cuadritos fueron reciclados hasta los años 90. La edición Editorial Común fue primorosamente cuidada por Pablo Sapia, que restauró los dibujos y les dio forma de libro. Es una de las ediciones de historieta del año, saludada por colegas como Pablo Parés y Esteban Podetti. Las aventuras de Pi Pío son un objeto extraño que puede ser leído tanto por un niño como por un adulto. Regocijándose con ese modo inocente, burlón y hospitalario de un Manuel García Ferré al que se le auguraba un gran futuro, pero que se encontraba en su infancia.


Convertirse en niño sin volverse infantil, esa es la tarea.

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