Siete locos bailando por un sueño


Se entra en las novelas de Rodolfo Arlt como se entra a una pesadilla dirigida, con el paso lentificado del que se mete en una atmósfera viscosa de humillaciones. De los personajes de Los Siete Locos uno no recuerda acciones; recuerda frases que son fulminantes como un crosses de mandíbula. Es imposible olvidar al farmacéutico Ergueta diciendo “Rajá, turrito, rajá. ¿O te creés que porque leo la Biblia soy un otario?” Rodolfo Arlt es un gran creador de frases.

La versión de Los Siete Locos y Los Lanzallamas que la TV Pública presenta en el mes de mayo es fiel (hasta la médula) a este universo. El responsable, Ricardo Piglia, dijo que quería hacer literatura en TV y esta es la más textual de las miniseries. O la más gráfica de las novelas. Sus actores -Diego Velázquez, Carlos Belloso, Daniel Fanego, Belén Blanco y Julieta Zylberberg entre otros- se comportan como perfectos iconos arltianos: estáticos, parecen estar parados para decir su frase, perturbarnos e irse.

En estos días El Trece estrenó la temporada 25 de Showmatch. El programa festejó el aniversario con un musical de más de una hora de duración; una sucesión de cuadros pletóricos de haces de luz, bailarinas en improbables coreografías y música a todo volumen. Todo fue excesivo. Pero no fue una pesadilla: fue un sueño ácido y aburrido, si es que ambos adjetivos pueden ir juntos. El que mueve los destinos de Showmatch no es el Rufián Melancólico de Arlt sino su inverso: veamos a Marcelo Tinelli como el Rufián Jovial, o el Rufián Sanguíneo. Siempre al palo. Doblándose de risa, en gesto de infinito remate de chiste.

A diferencia de su par de Los Siete Locos, Marcelo no quiere tomar el poder. Porque ya lo tiene. En el primer programa recibió la visita de Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa. El sueño se pobló de personajes familiares que realizaban extrañas comisiones: hacerle chistes a un imitador (Scioli), bailar frenéticamente como un tío en una fiesta de casamiento (Macri), informar de piojos en la cabeza de sus hijos (Massa). El asunto se iba volviendo cada vez más incómodo; uno querría escapar pero era imposible: se sabe que uno no elige el sueño ni la pesadilla. De La TV Pública a El Trece, de Arlt a Tinelli, de la revolución al espectáculo, hay dos costados del sueño argentino en la misma semana. Una Argentina oscura y colorinche para todos nosotros.

No nos gustan estos sueños, pero vivimos en ellos. 



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