Boda sin novios, fiestas sin pretexto




En algún momento las fiestas de casamiento dejaron de ser la celebración del matrimonio humano para convertirse en algo parecido a los viejos programas ómnibus: una sucesión de números que se suceden sin hilación, como elegidos por sorteo. La enloquecida liturgia del festejo exige entrada de los novios, testimonio en video de los amigos, corte de torta, fiesta carioca, desfile de ligas, brindis, pierna de cordero.

En Buenos Aires -y dando un paso adelante en esta tendencia- se está empezando a celebrar la “Falsa Boda”, una fiesta de casamiento sin novios. La gente paga entrada y va dispuesta a compartir una fiesta de casamientos con sus pompas y sus obras. Pero no hay novios; se ha decidido prescindir de este molesto elemento. En alguna de estas fiestas se contrata a un par de actores para que hagan el papel de novios. Son desconocidos para todos y los concurrentes experimentan la euforia de quienes se han colado en una fiesta ajena.


Sucede en las mejores liturgias: a veces el significado de algo desaparece. Y solo nos queda su huella y su símbolo. 

La Nación, domingo 5 de julio.-

Comentarios

Diego dijo…
Lo sigo siempre, maestro. Esperaba con impaciencia el momento de señalarle que ilación va sin hache. Saludos.