Querido Eucaliptus mío



Hace ya un par de años que las autoridades de Melbourne (Australia) dieron una dirección de correo electrónico a cada árbol de su parque. La idea era que los paseantes ayudaran a su mantenimiento enviando mensajes como “las ramas de Golden Elm, Tree ID 1037148 están demasiado largas y pueden lastimar a alguien”. Pero el programa tuvo consecuencias poéticas inesperadas: los melbournenses empezaron a escribirle a los árboles y a contarles cosas.

“Ayer quede impactado, no por una rama, sino por tu belleza radiante. Debes de recibir estos mensajes todo el tiempo. Eres un árbol tan atractivo…” piropea un joven. Otra persona pregunta la opinión sobre la situación económica de Grecia. Un tercero inquiere: “Willow Leaf Peppermint: ¿debería llamarte Sr. o Sra? ¿Tienen sexo los árboles?”

Nadie rebaje estas líneas a alegato, al triste estilo de “qué sola está la gente”. Festejemos el reencuentro. Durante siglos, los poetas fueron los únicos que se animaron a hablar con los árboles, pero ellos siempre estuvieron ahí para escucharnos. Solo que no teníamos nada interesante que decirles.

La Nación, domingo 19 de julio de 2015.-

Comentarios

Diego dijo…
Hay mucha gente sola y al pedo. Acá, en la China y en Australia.