Sonría: sus objetos lo vigilan.




Depende de la edad que tengamos: si somos niños, encontrar un rostro humano en las manchas de la pared o en los orificios de un enchufe nos convierte en chicos imaginativos. Pero si somos adultos, estamos padeciendo de pareidolia, que es el nombre científico que se le da a la tendencia de encontrar caras en objetos inanimados.

Un grupo de neurocientíficos del Laboratorio de Ciencias de Comunicación NNT (Tokio) supervisados por el Dr. Norimichi Kitagawa, encontró una relación entre esta capacidad de detectar rostros ocultos en las cosas y la percepción exagerada del peligro. “Encontramos sujetos emocionalmente inestables, tensos, nerviosos y propensos a la pareidolia. Hoy sabemos que esto aplica a los neuróticos que están en un estado  negativo y comienzan a ver fácilmente caras en los objetos.”


A cada cual su alucinación: otros, incluso, verán plantas, animales o rostros de personalidades famosas impresos en las tostadas. La idea de un universo que nos mira fijamente, de un orden secreto que no nos quita la vista de encima es el sueño más feliz del paranoico.

La Nación, domingo 16 de agosto de 2015.-

Comentarios