Si no lo quiero no lo veo




“Nunca olvido una cara, pero con la suya voy a hacer una excepción”, dicen que dijo Groucho Marx. Bruce Gilden, un fotógrafo estadounidense de 68 años -esa edad en la que uno está más allá de la belleza, o del bien y del mal que se les atribuye- pasó dos años recorriendo las calles de Estados Unidos y Colombia en busca de caras como asimétricas, tristes, hostiles.

Gilden no se anduvo con remilgos. Anduvo por centros de refugio y ferias callejeras. En su libro “Face” (Cara) aparecen rostros que soncomo un cross a la mandíbula y ocupan toda la página, en primeros planos extremos y desafiantes. Un adolescente sonriente con el rostro estragado de granos. Una inglesa rubia y triste, de labios inverosímilmente grandes. Un sujeto de mirada amenazante y dientes desparejos, con unos ojos verdes que intimidan. Son los expulsados de Facebook e Instagram, los parias de esta cultura obsesionada por la belleza física.


“Tratamos de olvidar estos rostros”, dice Gilden. Y logramos no verlos, porque ponemos toda nuestra voluntad en negarlos.

La Nación, domingo 30 de agosto de 2015.-

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