Una curva de aumento en el índice histórico de sonrisas



Cada generación elige una forma distinta de reírse: todos hemos visto el rictus de daguerrotipo de nuestros abuelos, la sonrisa de Gioconda de nuestras madres y la risa deslenguada de nuestros hijos. Mientras tanto, un estudio hecho por un grupo de investigadores de la Universidad de Berkeley (California) revisó 150.000 fotografías de álbumes escolares para descubrir que a lo largo de los años, cada vez se le sonríe más a la cámara fotográfica.


“La etiqueta y los estándares de belleza marcaban que la boca quedara más cerrada. Por eso se estilaba decir prunes (ciruelas pasas) en vez de cheese (queso)”, explican los investigadores. Quizá la fotografía de hace cien años era una actividad tan penosa e incómoda que no había forma de sostener una sonrisa, pero el año 2000 nos encuentra sonrientes y mostrando los dientes. Causas pueden ser muchas y aquí señalaremos tres: uno, los avances odontológicos; dos, la naturalización de la cámara, ese espejo al que queremos seducir con nuestras monerías. Tres: la necesidad de convencer al mundo y a la historia de que fuimos felices, la vida nos sonreía y nosotros a ella. 

La Nación, domingo 6 de diciembre de 2015.-

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