En el bar de Lucifer no se aprueba el homicidio




Lucifer ya tiene su propio programa de televisión: en estos días, el canal Fox estrena una nueva serie con El Malo como protagonista. Algunas organizaciones como el American Family Association o el One Million Moms están haciendo una campaña en línea para que el show no sea emitido.

El capítulo piloto de la serie lo muestra poco interesado en la corrupción de la raza humana o el tráfico de almas. Inspirado en un concepto original del historietista inglés Neil Gaiman -autor del famoso The Sandman, quizás el cómic más exquisito de las últimas décadas-, Lucifer se cansa de ser un peón en el juego divino del Bien y el Mal. Sofocado por el tedio, abandona el infierno y pone un club nocturno en la ciudad de Los Ángeles. El smoking le queda bien, tiene pinta de galancito latino y el sarcasmo en la punta de la lengua.

“Aceptar el drama cósmico” es la nueva filosofía de este Satán cool. No es tan terrible; lo terrible es la pobreza de sus afanes: en este show, el Príncipe del Mal se conforma con colaborar con la policía de Hollywood en casos de asesinato. Ni Dios debe estar contento con esta devaluación.

La Nación, domingo 24 de febrero de 2016.-


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