Un juicio por 138 tigres


Mi “Historia de las Relaciones entre el Tigre y el Humano” constaría de tres capítulos: uno, los tigres sagrados de la antigüedad, venerados y temidos. Dos, los tigres como presa exótica de los cazadores de la modernidad. Y tres, los tigres del siglo XXI, sentimentales y antropomórficos, hechos para vivir en armonía con el hombre. A este último capítulo corresponde la cuestión del Templo del Tigre en Tailandia, un lugar mitad monasterio budista mitad reserva natural, donde los visitantes pueden acariciar tigres, darle la mamadera a sus cachorros y sacarse una foto con la cabeza de un tigre recostado en el regazo.

 “Construimos este templo para diseminar el budismo”, dijo Supitpong Pakdjarung, a cargo del área comercial del templo “y los tigres llegaron solos”. Pero la Oficina de Conservación de la Vida Silvestre quiere cerrar este centro. Mientras conservacionistas y monjes (que hacen su buen negocio con esto) se enfrentan en estos días, nadie piensa consultar a los 138 tigres. A los que, suponemos, no les interesa ser avatares sagrados ni atracción turística sino, sencillamente, tigres.


 La Nación, domingo 22 de mayo de 2016.-

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