En el amor, en la guerra y en las hormonas.


A la oxitocina se la llama “la hormona del amor”, porque está relacionada con la conducta sexual, el bienestar, la maternidad y la paternidad. Esta hormona fortalece el ánimo y las relaciones sociales. Pero un equipo de científicos del Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology observó muestras de chimpancés y encontró que “cuando los chimpancés se defienden de una invasión por parte de otro grupo rival, su tasa de oxitocina se dispara en el organismo, convirtiéndose así esta hormona social en una hormona belicosa.”

Hace años que se sospecha de este lado oscuro de la oxitocina. Se sabe de su existencia en la bioquímica del vínculo entre padres e hijos, o entre amantes y amados. Es capaz de despertar sentimientos de pertenencia, proximidad o lealtad, pero también puede generar los sentimientos contrarios. Ya de este lado de la humanidad, podemos afirmar que amor es una guerra por medios incruentos. O que la guerra tal vez sea el lado oscuro del amor. Y la defensa, la otra cara de la sociabilidad.



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