Doña Emma, una vida en tres siglos




Un nuevo subgénero de crónica periodística recorre los medios del mundo: las notas del “murió la persona más vieja del mundo”. Esto pasa al menos dos o tres veces por año y sus protagonistas se renuevan con facilidad. En estas notas, invariablemente, el periodista se pregunta cuál fue la receta para haber vivido una vida tan larga. No la hay. 

El New York Times del viernes pasado eligió contar la muerte de la italiana Emma Morano -117 intensos años de vida, con un pie en el siglo XIX, y el otro en el XXI- a través de la descripción de su habitación. Tenemos una cama de una plaza. A modo de altar, una mesa con algunas fotos de parientes e imágenes religiosas. Pantuflas hechas con pedazos de tela para no ensuciar el piso. Muchos relojes (le gustaba oírlos sonar juntos) y un par de rosarios.


Emma se separó joven, vivió sola la mayor parte de su vida y estaba orgullosa de su independencia. “Siempre presumía: ‘yo lo pagué, lo mandé a hacer'”, contó el cura del pueblo. Se va, como dice Antonio Machado, ligera de equipaje. 

La Nación, domingo 23 de abril de 2017.-

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