Vivir para aprender, dormir para olvidar


Pasamos un tercio de nuestra vida en el país del sueño, pero todavía no pudimos –ni remotamente- conquistarlo. Los científicos, esos colonizadores, se están preguntando por qué existe el sueño. En el último número de la revista norteamericana Science se propone esta hipótesis: dormimos para olvidar algunas de las cosas que aprendemos en el día.
Según Giulio Tononi y Chiara Cirelli, biólogos de la Universidad de Wisconsin-Madison , las conexiones en nuestro cerebro “se desarrollan de forma tan exuberante durante el día que nuestros circuitos cerebrales se llenan de ruido. Cuando dormimos, nuestros cerebros reducen las conexiones para que las señales predominen sobre el ruido.” A esta tarea de reducir las conexiones durante la noche se la llama “homeostasis sináptica.”
Se dice que cuando la ciencia avanza un paso, la poesía retrocede dos. Pero la noción de que lo que aprendimos durante el día se pierde durante la noche es poesía pura. Además, tenemos la vigilia para olvidar lo que aprendimos durante el sueño. 

La Nación, domingo 21 de mayo.-

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